Móstoles, una mayoría en el aire
El tiempo político nunca se detiene y en el ámbito municipal su velocidad parece acelerarse a medida que se acercan las elecciones. A falta de un año para la celebración de los comicios de 2027, Móstoles vuelve a situarse ante una de esas encrucijadas que definen no solo gobiernos, sino estados de ánimo colectivos. La pregunta es sencilla de formular, pero compleja de responder: ¿volverán a sumar mayoría Partido Popular y Vox?
La respuesta, como casi siempre en política local, no está escrita.
Durante las últimas dos décadas, Móstoles ha demostrado ser un laboratorio perfecto de comportamiento electoral. Lejos de fidelidades inquebrantables, su electorado se ha caracterizado por una notable capacidad de cambio, especialmente en momentos de desgaste de los liderazgos políticos o desafección hacia los gobiernos. No es tanto una ciudad polarizada como una ciudad donde miles de votantes deciden elección tras elección en función de percepciones concretas: gestión, liderazgo y clima político. En Móstoles el votante es exigente y cambia el voto cuando percibe desgaste, desconexión o simple arrogancia en quien gobierna. Y eso convierte cada mandato en una cuenta atrás.
La realidad es que la efectividad de las campañas electorales como herramientas de comunicación persuasiva para construir una imagen positiva de los/as candidatos/as, con el objetivo, en última instancia, de maximizar votos mediante estrategias de marketing político, cada vez dependen más del trabajo previo que se realiza por las formaciones políticas y de la imagen que se haya asentado en el imaginario colectivo de los/as candidato/as de las diferentes formaciones políticas que concurren a las elecciones.
Los tres grandes puntos de inflexión recientes en las elecciones municipales de Móstoles, 2015, 2019 y 2023, no hacen sino confirmar un patrón: las mayorías no se construyen únicamente sumando apoyos, sino evitando fugas de votantes y trasvases de votos. En 2015, el impulso del descontento social amplificado por el eco del ciclo político abierto por el 15M favoreció a la izquierda. En 2019, la fragmentación del espacio conservador con la aparición de CIUDADANOS abrió la puerta a su continuidad. Y en 2023, la reunificación del voto de derechas por la desaparición de CIUDADANOS y la irrupción de la extrema derecha con VOX, sumado al desgaste del PSOE, MÁS MADRID y PODEMOS devolvió el gobierno al bloque formado por PP y Vox.
Pero si algo enseña Móstoles es que ninguna victoria garantiza la siguiente.
De cara a 2027, el escenario presenta más incertidumbres que certezas. El actual gobierno municipal no parece haber consolidado una imagen de solidez y buena gestión ante una parte importante del electorado. Y en política local, esa percepción importa tanto como la gestión real.
En paralelo, los partidos de izquierda afrontan su propio desafío que es volver a ilusionar a los votantes progresistas para movilizarlos. La experiencia demuestra que cuando el voto progresista se moviliza y se concentra, el bloque es competitivo; cuando se dispersa, la aritmética electoral penaliza con dureza en un sistema donde unos pocos miles de votos pueden decidir varios concejales.
¿Qué puede ocurrir en las elecciones municipales de mayo de 2027?
Pues hay que comenzar diciendo que el futuro político siempre es incierto y el comportamiento electoral de los ciudadanos es cada día más imprevisible y condicionado por la creciente polarización.
En las elecciones municipales, el componente personal adquiere una dimensión decisiva. La cercanía y el conocimiento que los votantes y el tejido social tengan del candidato/a es fundamental, El candidato o candidata no es un elemento más, es el elemento. En municipales no gana un programa, gana una persona capaz de generar cercanía, confianza y una mínima sensación de autenticidad.
En Móstoles, además, existe ese votante incómodo para todos: el que no milita, no se identifica con siglas y decide en función de impresiones muy concretas. Es el que hace y deshace mayorías. Y es, precisamente, el más difícil de convencer… y el más fácil de perder. Por eso, reducir el análisis a bloques ideológicos es casi un autoengaño. Aquí las elecciones no se ganan en los extremos, se ganan en la franja donde el voto duda, ese segmento de votantes, que forman un “ejército silencioso” que no responde a etiquetas ideológicas, pero sí a percepciones humanas. Son ellos quienes, elección tras elección, han venido inclinando la balanza.
Y hoy, esa franja está abierta.
Móstoles no es territorio de mayorías permanentes, sino de equilibrios inestables y analizando los procesos electorales anteriores y la realidad de estos últimos tres años de gobierno de PP-VOX se traduce en que no han entendido que gobernar no es solo aprobar presupuestos o sacar proyectos adelante. Es construir un relato de ciudad. Y hoy, ese relato en Móstoles no existe. Hay decisiones, sí. Hay titulares, también. Pero no hay una idea reconocible de hacia dónde va la ciudad. Y cuando eso falla, el votante empieza a desconectar.
En Móstoles no hacen falta grandes terremotos para cambiar un gobierno. Basta con pequeñas decepciones acumuladas. Y eso, a un año de las elecciones, es exactamente lo que empieza a respirarse.
Susana López Antequera
Coordinadora del Grupo Municipal Socialista

